Trabajos al bonsái en mayo
¿Qué nos dice el árbol en otoño? Debemos aprender a leer al árbol
Antes de tomar cualquier herramienta o decisión, lo primero es observar y entender. En mayo, las especies caducifolias como el arce (Acer palmatum), el olmo (Ulmus), el roble (nothofagus) o el liquidámbar, comienzan a mostrar su cambio de color: del verde intenso al amarillo, naranja y rojo. Este proceso, conocido como senescencia foliar, indica que el árbol está retirando nutrientes de las hojas hacia ramas y raíces para almacenarlos durante el reposo invernal.
Las especies de hoja perenne —como el olivo, el ficus o los pinos— también reducen su metabolismo, aunque de forma menos evidente. En todos los casos, el ritmo de crecimiento se ralentiza considerablemente. Leer estos signos nos permite saber cuándo intervenir y cuándo simplemente acompañar.
Podas de mantenimiento y refinamiento
Mayo es un buen mes para realizar podas de mantenimiento en la mayoría de las especies, especialmente antes de que el árbol entre en reposo profundo. El objetivo no es dar forma drástica, sino refinar la ramificación, eliminar ramas cruzadas, chupones basales y cualquier crecimiento que comprometa la silueta trabajada durante la primavera y el verano.
En especies caducifolias, espera a que las hojas hayan caído o estén a punto de hacerlo. Con el árbol desnudo podrás ver la estructura real de la copa y tomar mejores decisiones. En perennifolias, realiza solo ajustes menores, ya que una poda intensa en esta época puede debilitar al árbol justo antes del invierno.
Usa siempre tijeras y podadoras bien afiladas y desinfectadas. Aplica pasta cicatrizante en los cortes mayores para proteger la herida del frío y la humedad excesiva.
Alambrado otoñal
En los caducos, con la caída de sus hojas, mayo nos abre una ventana excelente para el alambrado. Al tener visibilidad total de la estructura del árbol, es mucho más fácil posicionar ramas con precisión y evitar errores de diseño.
Utiliza alambre de aluminio para especies de corteza delicada (arces, hayas) y alambre de cobre para especies más resistentes (pinos, juníperos). Aplica el alambre en ángulo de 45° y con la tensión justa: debe guiar sin morder. Revísalo periódicamente, ya que aunque el árbol crece más lento, el alambre puede marcar si se descuida. Muchas especies engordan en esta época, para así acumular reservas para el invierno.
Riego y fertilización
Uno de los errores más comunes en otoño es seguir regando con la misma frecuencia que en verano. Con temperaturas más bajas y menor evapotranspiración, el sustrato tarda más en secarse. Riega solo cuando el sustrato esté próximo a secarse, nunca por rutina. Un riego excesivo en esta época favorece la pudrición de raíces y enfermedades fúngicas (hongos).
En cuanto a la fertilización, debemos hacer una transición hacia fórmulas con bajo nitrógeno y mayor fósforo y potasio (por ejemplo, 0-10-10 o similares). Este tipo de abono favorece el endurecimiento de tejidos y fortalece las raíces para el invierno, sin estimular un crecimiento nuevo que sería vulnerable al frío. Elige el tipo de abono y nutrientes según la especie y fase de desarrollo en que se encuentra.
Preparación para el invierno
Hacia finales de mayo, debemos comenzar a pensar en la protección invernal. Las especies subtropicales como el ficus o la serissa no toleran heladas y deberán mantenerse en interior o en un invernadero con temperatura controlada. Las especies templadas, en cambio, necesitan el frío para cumplir su ciclo natural de reposo, pero deben protegerse de heladas severas, vientos fuertes y lluvias excesivas.
Lo importante es que el árbol descanse, pero sin sufrir.
Conclusión
Mayo es el mes en que debemos aprender a soltar el control y a confiar en el árbol. La naturaleza entra en pausa, y nosotros debemos hacer lo mismo: intervenir con criterio, preparar con anticipación y observar con paciencia. El trabajo bien hecho en otoño se refleja en la explosión de vida que veremos en la próxima primavera.
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